Los biorremediadores ayudan a mantener la calidad del agua y del sedimento, reduciendo la
acumulación de materia orgánica y tóxicos como amoníaco y sulfuros.
Los ácidos orgánicos actúan como moduladores del pH en el sistema digestivo, inhibiendo el
crecimiento de bacterias patógenas como Vibrio spp. y favoreciendo la absorción de nutrientes esenciales.